Esta forma de medicina se prepara mediante sucesivas moliendas y tamizado de tabaco, plantas medicinales, cortezas y cenizas del fuego sagrado en una sutil alquimia. Si bien el rapé puede prepararse con diversas plantas, la presencia del abuelo tabaco ayuda a ordenar y equilibrar a las otras medicinas, a direccionarlas con un propósito específico

El rapé se sopla con una caña en cada orificio nasal, equilibrando los dos hemisferios del cerebro, nuestro lado femenino y masculino. Para recibir la medicina debemos estar receptivos, en quietud y conteniendo la respiración. Cerrando la glotis se evita que el rapé baje a la garganta y bronquios. La soplada también nos ayuda a sanar el individualismo, y nos recuerda que necesitamos del otro, que ciertas medicinas se toman por uno mismo y otras se reciben de manos de un hermano o hermana. La práctica occidental de aspirar el rape es una distorsión del diseño original de esta medicina, que la vuelve ineficaz para su propósito esencial de limpiar la mente. Al ser aspirado, el rape no llega a las cavidades o senos frontales, y sí penetra en las vías respiratorias inferiores causando irritación. También es medicina para el cuerpo, ayudando a expulsar mocos y parásitos de los senos frontales y paranasales. Elimina dolores de cabeza, embotamiento y aturdimiento, ya que descomprime la presión del cráneo. También es excelente cicatrizante y antibiótico aplicado sobre heridas, especialmente los que contienen salvia y lavanda. El rape es además medicina para la Visión. Algunos pueblos originarios lo preparaban con ciertas plantas de poder, con ese propósito específico, como el yopo o el cebil.